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TERAPIA MOLECULAR POR VIBRACIÓN ELECTROMAGNÉTICA

LA MEDICINA DEL FUTURO, HOY

 

El mundo en el que vivimos está cambiando… y lo hace a pasos agigantados.

Si mira con atención, podría concluir cómo el desarrollo humano expresado en su tecnología, arte, ciencia, economía, política, etc; y todo lo demás que le es propio, va en altos giros.

Los esquemas viejos y obsoletos dan paso, rápidamente a nuevos modelos, a renovados procesos, a sistemas y conocimientos mucho más veloces, prácticos y capaces.
En otras palabras, el tiempo corre a la velocidad con que la mente humana crea y el espacio se ha hecho cada vez más pequeño.

El mundo de la informática y las telecomunicaciones ha simplificado la vida en nuestro mundo, poniéndolo al alcance de todos.

Y la medicina no es la excepción.

Con la descodificación completa del genoma humano el conocimiento científico medico entró en una dimensión hasta ahora inalcanzable.

Tuvimos acceso por primera vez en la historia conocida al nivel mismo donde se genera y se controla el fenómeno de la vida: la molécula.

Tal avance nos ha brindado la capacidad de modificar la propia estructura química y molecular de ella.

Muy prontamente la medicina como la conocemos hoy, desaparecerá.

Las enfermedades se tratarán aún antes de su aparición, cambiando el programa molecular que les dará su origen.

La medicina será preventiva en vez de curativa.

Y la cirugía será cosa del pasado.

La antigua medicina se ocupaba del órgano; cómo mejorar su función con medicamentos o cómo reparar su forma con intervenciones quirúrgicas.

La medicina del futuro se dirige a la molécula: cómo evitar que se altere para que no enferme a la célula.

 
LA CÉLULA: EL PRIMER ÓRGANO ENFERMO

La célula es el inicio de la cadena de la enfermedad corporal. La enfermedad es propia de los organismos vivos cuando las células que los constituyen comienzan a funcionar mal.

Cuando en una célula se alteran las funciones de transporte de líquidos y sales desde y hacia su interior se desarrolla un trastorno que en último término la paraliza y le impide cumplir su tarea, repararse a sí misma y multiplicarse.

Si tal proceso se lleva a cabo en millones de células en todo el organismo, el efecto final es el mal funcionamiento de los órganos y sistemas, produciéndose la fatiga, el daño de su estructura y por consiguiente el dolor, la inflamación y la deformidad.

La prolongación de estos trastornos en el tiempo conlleva la muerte.

 
LA MOLECULA: EL NIVEL DE LA NO-ENFERMEDAD

Las células se enferman. Los átomos y moléculas no.
Toda nuestra vida esta sostenida sobre una enorme estructura hecha a partir de átomos y moléculas, donde nuestro cuerpo es un enorme edificio y ellos son sus ladrillos. Estos se mantienen unidos y comunicados por medio de campos de fuerzas que son magnéticos, eléctricos, iónicos, etc., moldeando su forma, su estructura y generando corrientes de energía que lo atraviesan en todas las direcciones.

Estos campos energéticos se relacionan a su vez con los campos que lo circundan, como el campo magnético de nuestro planeta, las energías radiantes del sol, los campos de energía creados por el hombre y los campos de energía de los demás seres vivos (y no vivos, como los minerales, los elementos de la naturaleza, etc.)

Si nuestros átomos y moléculas poseen alta energía y esta fluye libremente a través de ellos, nuestro cuerpo tendrá un funcionamiento armónico y en equilibrio. Allí manifiesta salud y vigor.

Si por el contrario, la energía es poca, está desorientada, desbalanceada, represada en algunos órganos y sistemas y escasa en otros, tal desbalance crea la enfermedad.

Por lo tanto, si a un organismo que posee su energía desbalanceada y sus moléculas desordenadas se le aplica un campo de vibración electromagnética uniforme, con unos polos norte y sur bien definidos y coordinados con los propios polos magnéticos terrestres, se le puede reordenar en su estructura molecular y atómica que repercutirá a su vez en el orden interno celular.

Si las células están ordenadas y sincronizadas entre sí, el funcionamiento de tejidos, órganos y sistemas será optimo y por lo tanto, la maquinaria corporal será muy eficaz en su trabajo y muy fuerte en su estructura.

Eso se expresará como salud, vigor y bienestar.

Un nuevo enfoque medico, por tanto, debe considerar cinco aspectos fundamentes si quiere funcionar bajo un nuevo modelo, un nuevo paradigma y si quiere llegar a ser una medicina realmente preventiva en las raíces, curativa en sus causas y sanadora para la totalidad de la persona humana:

Primero: Debe dejar de considerar que el hombre es simplemente la suma de sus órganos constituyentes para empezar a concebirlo como la relación que ellos tienen entre sí mismos a través de una gran red de información que los une, llamada la mente. El hombre es por tanto una unidad cuerpo-mente indivisible.

Segundo: Debe dejar de actuar en su método como si únicamente el cuerpo fuera del hombre fuera el sujeto activo de la salud o la enfermedad del individuo, desconociendo sus otras esencias constitutivas: el pensamiento, el movimiento, el sentimiento y la emoción. Dicho de otra forma: El hombre es sano o se enferma por lo que piensa, por como piensa, por lo que siente y por cómo siente y no solamente por lo que come, bebe o respira.

Tercero: Debe dejar de obrar como si el hombre fuera sano o enfermo independiente de su entorno: su familia, ambiente laboral, la naturaleza que le rodea, el mundo que habita y el cosmos al que pertenece.

Cuarto: Debe entender que la enfermedad se hace celular, orgánica, sistémica, física o corporal, nunca antes y solamente después, de que ha tenido su asiento y su desorden en el nivel bioquímico-molecular de la existencia.

Quinto: La medicina mas útil será aquella que le ayude al hombre antes de que la enfermedad tome arraigo en él.

Los primeros tres postulados han ido arraigándose poco a poco - a pesar de la oposición de los más ortodoxos - en la conciencia de los médicos y personal de la salud, así como también en la de los llamados "pacientes".

De alguna manera, intuitivamente a veces o apoyándose en ciertos conceptos de tradiciones y practicas milenarias, la medicina alopática y "tecnopática" ha tenido que ceder ante el auge cada vez mayor de la llamadas terapias alternativas o complementarias.

Aun más, en muchas clínicas, hospitales y escuelas de medicina, de las más prestigiosas del orbe como la Sorbona de Paris o la Universidad de Harvard, ya existen currículos formales de enseñanza y entrenamiento en practicas como la meditación, yoga, acupuntura, masaje, relajación, medicina natural, herboterapia, medicina bioenergética, medicina cuerpo-mente y muchas otras más.

Sin embargo, el nivel precelular de la vida, el nivel molecular, apenas comienza a ser mirado con algún interés serio por parte de los hombres de ciencia.

¿Por qué una célula se enferma? ¿Dónde yace el origen de su desorden? ¿Cómo, una vez instaurada, puede la enfermedad alcanzar la escala microscópica, orgánica y tisular para hacerse aparente y visible?

Estas son los interrogantes que necesitan ser despejados.

La molécula es la nueva frontera de la ciencia médica y el acertijo a resolver. Ella es la clave del origen de la enfermedad y de la cura.
Y la molécula no es más que un pequeño cúmulo de materia regida por principios de interacción eléctrica, magnética y vibracional.

Dicho en otras palabras: el nivel más esencial de la vida esta en donde la energía se torna en materia a través de sus formas primarias: átomos y moléculas. Si la propia estructura infinitesimal de la materia se altera, se altera, necesariamente, su estructura microscópica.

Si las moléculas se alteran, se enferman las células y así lo hace el organismo.
Si las moléculas se armonizan, el efecto será igual para la totalidad.

Este es el principio de las Terapias de Electromagnetismo, vibración y repolarización molecular que desarrollaremos a continuación.

 
ALCANCES DE LAS TERAPIAS DE ELECTROMAGNETISMO Y REPOLARIZACIÓN MOLECULAR

Toda la comunicación interna de nuestro organismo se hace a través de mensajeros químicos - que no son otra cosa que moléculas - e impulsos eléctricos.

Las células "hablan" entre sí por medio de corrientes de energía que viajan a través de las conexiones nerviosas y por miles de millones de moléculas mensajeras que lo hacen por la sangre.

Así, todas comparten información y adquieren conciencia de organismo.

El cerebro, en particular, es un gran lector electroquímico que toma la información que por el torrente circulatorio le llega de todo el resto del cuerpo, interpreta dichas señales y responde a su vez disparando impulsos eléctricos y secretando sustancias que van por la sangre a todos los demás órganos, creando en ellos algún efecto.

Cuando la información que le llega al cerebro por la sangre y los nervios aferentes (que entran) es clara, rápida, limpia de interferencias, concisa y ordenada, el lector cerebral es capaz de interpretar rápida, eficiente y correctamente su significado, produciendo una respuesta igualmente nítida, ordenada y adecuada a los requerimientos del medio interno y externo del organismo.

Hace por lo tanto, los ajustes necesarios para continuar de modo eficiente el proceso vital.

Cuando por el contrario, la información es inexacta, contaminada y desordenada, el lector cerebral se incapacita para responder asertivamente a las demandas internas o externas y se equivoca en sus acciones.

Dicho de otra forma: cuando el lector funciona mal, piensa mal y yerra su respuesta, pierde la conexión con el resto del organismo y con el entorno y comienza a manejar mal el tiempo y el espacio interno y externo; equivoca sus respuestas, altera la química y la mecánica interna y se inician los fenómenos celulares que conducen a la enfermedad.

Por lo tanto, el reordenamiento molecular de células, tejidos, fluidos como la sangre y la linfa, órganos y sistemas, a través de las Terapias Moleculares de Vibración Electromagnética tendrá como resultado los siguientes efectos:

 
  • Eliminación de las sobrecargas de energía en puntos específicos del cuerpo y en particular en articulaciones, tendones y ligamentos, mejorando su funcionamiento, recuperando arcos de movimiento limitados o perdidos y eliminando dolores.
    Es altamente beneficioso para enfermedades de huesos y articulaciones, como artritis, artrosis, bursitis, congelamientos articulares.
  • Organización de los mensajeros químicos sanguíneos con la consecuente purificación, fluidificación y limpieza de la sangre: Mejoramiento de la salud del corazón y la circulación en general.
  • Optimización del funcionamiento hepático: Aumenta su capacidad de producción de energía corporal lo que se manifiesta en el aumento de la resistencia física, el vigor y la vitalidad.
  • Mejoramiento de la función renal, aumentando su capacidad de filtrar la sangre y eliminar toxinas.
  • Incremento de las funciones mentales y del pensamiento: El cerebro lee mejor la información llevada por los mensajeros químicos de la sangre. Se piensa mejor, se analiza mejor, se incrementa la capacidad de raciocinio y la intuición.
  • Disminución de las fluctuaciones del humor, equilibrio de sentimientos y emociones e incremento de la sensación de bienestar sicológico y mental, sanando la depresión, angustia y la tristeza.
  • Disminución de la producción de hormonas del estrés, como la adrenalina, lo que produce una disminución de la sobrecarga de trabajo para todas las glándulas y por lo tanto la eliminación de zonas de fatiga crónica, física y mental.
  • Aumento de la eficacia del sistema inmunológico en la defensa contra las enfermedades infecciosas y degenerativas.
  • Mejoramiento de los procesos celulares internos que gobiernan, reparan y replican el material genético (ADN), con la disminución consecuente de los riesgos de enfermedades hereditarias como el cáncer y el alzahimer.
  • Enfermedades alérgicas como la rinitis, sinusitis y enfermedades de la piel.
  • Jaquecas, migrañas y dolores de cabeza crónicos.
  • Enfermedades degenerativas como la diabetes, la hipertensión, la arteriosclerosis.
  • Prevención de enfermedades malignas como cánceres y linfomas.

 

 

 
FUNDAMENTOS CIENTÍFICOS Y PRINCIPIOS DE FUNCIONAMIENTO
 
El cuerpo humano como estructura electromagnética.

La vida como seres humanos se hace manifiesta en nuestro mundo a través de un cuerpo físico. Dicho de otra forma, existimos en nuestro mundo porque poseemos un cuerpo.

Ahora bien, nuestro cuerpo posee un peso especifico, posee gravedad, que es la consecuencia de la atracción que hace nuestro mundo sobre él, que a su vez tiene su propio gran cuerpo planetario.

Ambos tenemos, por lo tanto, una serie de ejes o diámetros llamados paralelos y meridianos, que determinan puntos o extremos polares - norte y sur; además, puntos o líneas centrales llamadas líneas o centros de equilibrio.

Así, nuestro cuerpo humano puede dividirse en mitades derecha e izquierda, anterior y posterior y superior e inferior.

Estas dos ultimas determinan nuestros polos norte/sur: El encéfalo (cerebro y cerebelo), contenidas dentro de la bóveda craneana, constituyen el primero de ellos: el norte. La región sacro-coccígea, articulada perfectamente dentro del bacinete pélvico, comprenden el segundo: el polo sur.

El punto medio o de equilibrio se configura más o menos en correspondencia con la cintura, cercano al ombligo.

 
 
Ambos cuerpos, planeta y organismo, interactúan entre si porque sus polos establecen una relación de equilibrio a través de sus fuerzas, no solamente gravitacionales, sino electromagnéticas.

Valga decir: tanto el globo terráqueo, como nosotros, somos imanes que se atraen o repelen mutuamente según la orientación que tengamos el uno respecto del otro.

Sabemos perfectamente que las fuerzas magnéticas del planeta circulan en dirección norte-sur (descendente) cuando se mueven sobre su superficie, creando así la ionosfera.
Y lo hacen en sentido sur-norte (ascendente) cuando cruzan su eje medio interno.

 
Tomado de http://orion.ph.utexas.edu/~windmi/
 
Dichas fuerzas se originan en la enorme masa de materiales férricos y ferrosos que alberga la Tierra en su estructura.

Dicho de manera más simple: nuestro planeta es magnético porque es una gran masa de hierro, pero también es eléctrico, porque es un gran depósito de agua y sales: el mar.

Por su parte, nuestros cuerpos son exactamente eso: un sesenta por ciento de su peso esta representado en agua y sales de sodio, cloro, potasio y otros, mientras el peso restante lo aportan compuestos orgánicos a base de carbono y estructuras inorgánicas como sales de calcio, fósforo, el propio hierro y muchos más.

Somos así, un pequeño cuerpo terráqueo conformado por los mismos elementos de los cuales se compone nuestro planeta y por tanto capaces de crear fuerzas eléctricas, magnéticas y electromagnéticas que interactúan con las suyas.

Es fácil concluir por tanto, que tenemos con nuestro planeta, en un cierto sentido, una estrecha relación "metálica" que se rige por las leyes físicas de la conducción eléctrica y de la atracción o repulsión magnética: somos imanes que intercambiamos fuerzas y energías magnéticas y eléctricas con él; nos atrae o nos repele según como estén situados nuestros polos ante los suyos.

Somos sinérgicos o antagónicos con sus fuerzas; nos impulsa o nos frena según la orientación entre ambos y por lo tanto, vivimos "alineados" o "desalineados" en su superficie.

Por lo tanto, nosotros estamos "polarizados o despolarizados" con relación a los ejes electromagnéticos de nuestro mundo según como se encuentren orientados nuestros propios campos magnéticos con relación a los suyos.

 
Átomos y moléculas: origen de nuestra naturaleza electromagnética

La vida se origina en nuestro planeta luego de que enormes cantidades de polvo cósmico cargadas de átomos y moléculas provenientes del espacio interestelar fueron depositadas en los mares de un planeta recién formado.

En forma de compuestos de hidrogeno, agua, formaldehído y amonio, millones de moléculas irradiadas por luz, rayos cósmicos, ultravioleta, infrarrojos y otros, se mezclaron en su superficie creando una especie de "caldo de cultivo" que fue cocido por las altas temperaturas de un planeta apenas en enfriamiento, en un proceso que tomó millones de años.

A medida que estas moléculas primordiales de vida interactuaron entre si, generaron una serie de reacciones químicas que produjeron moléculas más complejas.

Estas moléculas más grandes se convirtieron a la postre en los primeros "bloques de construcción" de las formas más primitivas de vida.

Ayudadas por la introducción del borato en la mezcla primaria, las moléculas provenientes del espacio exterior reaccionaron para formar la ribosa, un tipo de azúcar con cinco átomos de carbono y a una serie de estructuras moleculares aun más complejas, llamados nucleótidos: adenina (A), güanina (G), citosina (C) y uracilo (U) que son el "alfabeto genético" de una sustancia llamada el RNA, o acido ribonucleico.

La aparición de una molécula a base de carbono trajo como consecuencia la formación de materia orgánica capaz de asociarse para formar "organismos" vivos: Algunas formas de RNA adquirieron la capacidad de autorreplicarse y por lo tanto de multiplicar exponencialmente su cantidad hasta que alguna de ellas, en sus mezclas, dieron origen al material constituyente del ADN, la molécula de la vida por excelencia.

Con el ADN apareció la herencia de la vida: la capacidad de traspasar la información y el "conocimiento molecular" a su generación siguiente, garantizando así la continuidad del proceso.

Luego, estas moléculas orgánicas adquirieron la propiedad de sintetizar otra nuevas hasta que lograron construir una barrera o membrana que las separaba del medio externo y les permitía una interacción selectiva con él.

Así se formaron los primeros organismos vivos individuales, la primera forma de vida independiente y autorreplicativa: la célula.

 
Tomado de http://www.harcourtschool.com/glossary/science/define_spn/gr5/cell_m5a.html
 
Fue cuestión de tiempo para que muchas células se asociaran formando organismos de mayor tamaño y complejidad que a su vez fueron creando tejidos hechos de células que se fueron diferenciando y especializando en funciones especificas, como el manejo del agua y las sales, tejidos contráctiles o estructurales, tejidos de soporte o tejidos de conducción eléctrica.

Surgieron entonces, los órganos como el sistema nervioso, el músculo esquelético o cardíaco, el tejido renal y hepático, el hueso, etc.

Aparecieron, según el camino evolutivo, los reinos vegetal y animal con sus diferentes especies, familias y ordenes.

Somos por consiguiente, en lo que respecta a nuestra estructura física corporal, una gran masa de células organizadas en órganos y sistemas, muy diferentes entre sí.

Pero, todas ellas, no importa su clase, su forma ni su función y ni siquiera la forma de vida que la contiene, bacteriana, vegetal o animal, están hechas de las mismas moléculas que a su vez se originan de la mezcla de la misma clase de átomos.

Todas las formas de vida comparten la misma estructura molecular y todas las formas de materia existente, viva o inerte, pertenezcan ellas a un vegetal, a un humano, a un planeta, a un cometa o a una estrella, estamos hechos de los mismos átomos y por tanto regidos por las mismas leyes físicas y químicas que determinan su comportamiento y su interacción.

El punto que nos interesa de todo ello es que, siendo nosotros estructuras atómicas y moleculares, en lo que respecta a nuestro cuerpo físico, estamos sujetos a las fuerzas que gobiernan el comportamiento de éstos en el universo: fuerzas gravitatorias, fuerzas de interacción nuclear fuerte y débil y fuerzas electromagnéticas.

Así es fácil comprender por lo tanto, por qué nuestro organismo genera corrientes eléctricas que son medibles (por Ej., Durante un electrocardiograma, un electroencefalograma, un potencial o voltaje superficial de la piel, etc.); así, entendemos porque poseemos "gravedad" y por qué estamos amarrados a la superficie de nuestro mundo, por ella.

Y así es fácil concluir que los campos eléctricos, magnéticos, gravitacionales; las energías y fuerzas atómicas, acústicas, lumínicas y vibracionales nos pueden afectar, mejorando o debilitando las propias nuestras.

En conclusión, somos una masa conforma de átomos y moléculas que posee mente, pensamiento y conciencia de vida y que comparte los mismos elementos que construyen todo el universo y por tanto interactuamos con sus fuerzas y con él, a través de ellas.

 
La célula: asiento de la enfermedad.

La materia inerte no se enferma.

Se enferman los árboles, los animales y los humanos, pero un átomo o una molécula nunca se enferman.

La enfermedad es propia de los organismos vivos.

¿Dónde radica, entonces, el origen de la enfermedad?
En el nivel celular.

Los átomos y las moléculas en si mismas no poseen algo llamado una mala salud, pero una inadecuada interacción al interior de las células donde están formando parte de membranas, núcleo, fábricas de proteínas, etc., sí crean en ellas un proceso de malfuncionamiento que llamamos enfermedad.

Cuando en una célula se alteran los mecanismos de transporte de iones (átomos con carga), de moléculas o de electrones a través de sus membranas, se crea un desequilibrio interno que en último término conlleva a la parálisis de sus funciones, de su intercambio con el medio externo (ingreso de agua y sales), de la fabricación de moléculas de autorreparación (que reemplazan secciones dañadas de su estructura) y de replicación (ADN) y le sobreviene la muerte.

Cuando eso sucede en una escala de miles o millones, con muchas células debilitándose y muriendo, alteran el funcionamiento de órganos y tejidos y sobreviene la enfermedad y luego la muerte del organismo como una totalidad.

Cualquier circunstancia, fuerza o elemento que tenga la capacidad de alterar la normal interacción que poseen nuestros átomos y moléculas celulares tendrá, por consiguiente, la capacidad de alterar también el funcionamiento de todo nuestro organismo.

Químicos inhalados o ingeridos - como por ejemplo aire contaminado, gases, alimentos, medicamentos, tóxicos, etc.; campos de radiación eléctrica o magnética como transformadores de energía, radiaciones ionizantes, luces o sonidos de determinadas frecuencias, imanes, energía nuclear y otros, tienen, todos ellos, la capacidad de modificar la conducción eléctrica, el intercambio iónico, la utilización de la energía y el propio código genético de nuestras células, enfermándolas o aliviándolas, según sea el caso.

Esto se debe a que todos estos factores poseen la capacidad de alterar la polaridad y la carga eléctrica o magnética de nuestras moléculas constitutivas.

Ellas poseen, en razón de las cargas eléctricas, magnéticas y iónicas de sus átomos, una configuración espacial determinada, una forma en el espacio que es la que les permite interactuar con otras moléculas y cumplir su función especifica al interior de células y tejidos.

Cuando la molécula pierde su forma, pierde su función, enfermando a la célula donde se encuentra o a donde ha ido a cumplir su tarea.

Así, la consecuencia de toda enfermedad de nuestro cuerpo se sitúa en su nivel celular, pero su origen y su solución, está en sus "ladrillos constitutivos": Las moléculas.

 
Origen y fundamentos de las terapias de vibración, electromagnética y de polarización.

Toda la comunicación interna de nuestro organismo se hace a través de mensajeros químicos - que no son otra cosa que moléculas - e impulsos eléctricos.

Las células "hablan" entre sí por medio de corrientes de energía que viajan a través de las conexiones nerviosas y por miles de millones de moléculas mensajeras que viajan por la sangre.

Así, todas comparten información y adquieren conciencia de organismo.

El cerebro, en particular, es un gran lector electroquímico que toma la información que por el torrente circulatorio le llega de todo el resto del cuerpo, interpreta dichas señales y responde a su vez disparando impulsos eléctricos y secretando sustancias que van por la sangre a todos los demás órganos, creando en ellos algún efecto.

Cuando la información que le llega al cerebro por la sangre y los nervios aferentes (que entran) es clara, rápida, limpia de interferencias, concisa y ordenada, el lector cerebral es capaz de interpretar rápida, eficiente y correctamente su significado, produciendo una respuesta igualmente nítida, ordenada y adecuada a los requerimientos del medio interno y externo del organismo.

Hace por lo tanto, los ajustes necesarios para continuar de modo eficaz? el proceso vital.

Cuando por el contrario, la información es inexacta, contaminada y desordenada, el lector cerebral se incapacita para responder asertivamente a las demandas internas o externas y se equivoca en sus acciones.

Dicho de otra forma: cuando el lector funciona mal, piensa mal y yerra su respuesta. Pierde la conexión con el resto del organismo y con el entorno y comienza a manejar mal el tiempo y el espacio interno y externo; equivoca sus respuestas, altera la química y la mecánica interna y se inician los fenómenos celulares que conducen a la enfermedad.

 
Terapia Vibracional

Todo vibra.
Los átomos, las moléculas, las células, los organismos, los planetas, los soles y las estrellas poseen vibración porque están hechos de energía en movimiento.
Cuando la energía se mueve a altas frecuencias se crea un movimiento oscilatorio constante que se llama vibración.

Cuando un organismo se enferma, pierde energía y al hacerlo disminuye su oscilación y por tanto su vibración.

Cuando una célula se enferma, lo hace porque sus moléculas constituyentes han disminuido su capacidad de vibrar y por tanto de traspasar energía a la siguiente; dicho de otra forma, pierden capacidad de conducir las corrientes eléctricas que son las responsables del intercambio de sustancias, iones, agua y otros hasta que sobreviene la parálisis.

El cese del movimiento de la energía en un ser vivo es igual a su muerte.

Si a un organismo enfermo se le somete a un patrón de vibración constante de una determinada frecuencia, todas sus moléculas constitutivas comenzaran a oscilar hasta encontrar un punto de equilibrio donde el movimiento se hace óptimo, llamado el nivel de resonancia.

Allí, la transmisión de energía es óptima y toda la estructura celular estará vibrando al compás de sus moléculas constitutivas. Estas se "alinearán" en un mismo eje vibracional que hará resonar armónicamente toda la estructura del cuerpo como si fuera uno solo.

Es similar a lo que sucede cuando se afina un instrumento musical: sus diferentes ángulos, planos, curvas y uniones resonarán en frecuencias múltiples de la frecuencia original- llamadas en acústica frecuencias armónicas - creando la "armonía" sonora.

Es igual con el cuerpo.

En la terapia de vibración, utilizamos un lecho suspendido sobre potentes pero delicados rotores circulares y de otra naturaleza, que crean un movimiento constante que se transmite al mar interno del cuerpo de la persona, al cerebro para inducir en ella la vibración que permita que sus moléculas, retomen el movimiento oscilatorio propio del estado de salud.

Si además, durante el proceso se aplican vibraciones sonoras, lumínicas (entre ellas radiación láser, que es luz ordenada de alta pureza), calóricas y electromagnéticas, podrá crearse un nuevo "estado programático vibracional" en el conjunto molecular del organismo y por tanto sanar la enfermedad, no importa su naturaleza ni su tipo al cerebro, en el propio nivel donde tiene su origen.

 
Terapia de Electromagnetismo.

Como ya hemos expuesto, nuestros tejidos poseen enormes cantidades de elementos minerales con carga eléctrica y fuerza magnética.

La sangre en particular transporta en sus glóbulos rojos el mayor depósito de hierro de todo el organismo.

Por lo tanto, somos en cierto sentido, seres vivos "magnéticos y magnetizables". Somos imanes vivientes e interactuamos con fuerzas magnéticas provenientes de fuentes externas, la mayor de ellas, el magnetismo planetario. El llamado viento solar también nos baña y afecta la estructura "imantada" de nuestras moléculas.

Como es bien sabido a través de la ley del electromagnetismo un imán en movimiento aplicado sobre un elemento conductor genera una corriente eléctrica en él; e inversamente, un impulso eléctrico que corre a lo largo de un conductor crea a su alrededor un campo magnético.

Por tanto, si aplicamos flujos magnéticos a partir de electroimanes situados en puntos específicos de nuestra anatomía, podemos hacer que la orientación espacial de nuestras moléculas adquiera un patrón homogéneo y armónico, haciendo que todas posean sus polos norte y sur en la misma dirección, primero. Y segundo, siendo y poseyendo estructuras conductoras de pequeñas corrientes eléctricas en nuestro cuerpo, aumentaremos el flujo de energía por él.

La energía crea movimiento.

El movimiento es salud.

Y si a dichas corrientes eléctricas y magnéticas que se generan se les entrega una programación frecuencial acompañada de luces, sonidos, vibración y se complementa con cambios de ciertos hábitos alimentarios y otros, la terapia de vibración se constituye en una gran herramienta, no solo terapéutica sino preventiva de enfermedad.

 
Terapia de polarización magnética.

Estamos contenidos en un planeta que es, como nosotros, de naturaleza magnética.

Nuestras moléculas poseen su propio dipolo norte-sur que se ve influido por los flujos de magnetismo terráqueo.

Es lógico concluir que si estamos formados por trillones de moléculas que funcionan como microimanes que forman nuestras células y que las comunican entre sí, la orientación que ellas posean en relación con los propios polos terrestres afecta nuestra posición, orientación y alineación en nuestra vida.

Si nuestros polos moleculares están anárquicos y desorientados en relación con el mundo que habitamos, nuestra "posición" estructural estará mal orientada ante él. Y si el cerebro lee, como lo hace, la estructura espacial de las moléculas, que depende a la vez de su carga eléctrica y magnética, y estas están desordenadas, la respuesta será, como ya dijimos, errada.

El resultado es un pensamiento que no acierta en sus decisiones, equivoca sus tiempos y espacios, pierde energía y crea accidentes, traumas, conflictos y enfermedad.

Durante la terapia de polarización, aplicaremos a través de potentes pero sutiles imanes, láseres, sonidos, luces y otros, un flujo de corrientes que orientaran nuestros polos corporales a través de la orientación de los polos moleculares, en concordancia y armonía con los polos planetarios, situándonos de nuevo en equilibrio ante él.

Es similar a lo que sucede cuando alineamos y balanceamos las llantas de nuestro auto en la estación de servicio: sus fuerzas de tracción y movimiento se sitúan paralelas a las fuerzas de tracción del motor, de fricción y gravedad del camino, mejorando su desempeño y alargando la vida útil de las llantas, la suspensión y la dirección.

En nosotros esto se traduce en un mejor equilibrio ante la vida, un mejor pensamiento y cuerpo más saludable.

 

TERAPIAS MOLECULARES DE VIBRACIÓN ELECTROMAGNÉTICA

EL PRINCIPIO

Las células son pequeños lagos acuosos a manera de espejos lisos, brillantes y templados que poseen sales (y por tanto iones) y moléculas de proteínas (cargas eléctricas) en su interior. Una clase particular de moléculas, que conforman los genes, son las responsables de albergar en ellas todas las historias evolutivas de nuestros antepasados. Quiere ello decir que las células contienen la información ancestral que llamamos hereditaria.

Cuando en el transcurso de nuestra vida se hacen permanente el temor, el miedo, la ira y otra serie de emociones afines, se producen en nosotros reacciones químicas que conllevan a que en la sangre se viertan, desde nuestras glándulas (las suprarrenales, por Ej.), grandes cantidades de hormonas como la adrenalina, el cortisol y otras, que viajan por el torrente circulatorio y bañan a todas las células del organismo.

Sus efectos son devastadores para ellas: consumen sus reservas de energía, alteran el equilibrio de los iones y sales y pierden agua. Dicho de otra manera: los espejos celulares se deforman arrugándose o hinchándose en demasía, perdiendo su consistencia, su brillo y con ello su equilibrio.

Tal deformidad hace que la propia célula produzca unas moléculas internas que son trasportadas, por una serie de canales que tiene en su membrana, a las células contiguas, como si fuera un mensaje de alerta que se multiplica exponencialmente a su alrededor y que altera profundamente el metabolismo interno.

Así el miedo se vuelve químico y se arraiga en miles de millones de células en todos los órganos. Tal es la magnitud del "miedo celular" que se activa un programa, un software de autodestrucción que viene en los archivos de la historia genética llamado el mecanismo de la apoptosis (o muerte celular programada)

Por su acción, la célula se suicida como una manera de evitar la propagación del desequilibrio más allá de sus fronteras. Al menos ese es el propósito.

Pero cuando la apoptosis es masiva son millones de células las que fenecen a una velocidad mucho mayor que la que tiene el cuerpo para reemplazarlas. Ese es el origen del envejecimiento. Y si son células del sistema nervioso, mucho más lentas y difíciles de reponer, sumada a la pérdida de tejidos vivos en todo el organismo, el resultado no es otro que la dolencia y luego de ella la enfermedad.

Por otra parte, las células que no llegan a morir pueden ser restauradas en su equilibrio por medio de ayudas médicas, nutrición celular con vitaminas, minerales y microelementos (alimentación sana), ejercicios musculares, yoga, meditación y estados de vida armónica como la risa, la sonrisa, el abrazo, la voluntad, el compartir y otros más. Y todo lo anterior, aunque de diferente manera, tiene un solo efecto: Las células están formadas por moléculas, millones de cristalitos vibrantes, puros e inocentes, susceptibles de ser programados, reprogramados, alineados y polarizados por medio de algún factor interno o externo que les brinde la capacidad de ejercer su función en el cuerpo.

Allí es donde asienta el inmenso valor de las Terapias Moleculares de Vibración Electromagnética.

PROCESO DE LA TÉCNICA.

La persona sujeto de la terapia recuesta su cuerpo sobre una cama especial a la que es posible brindarle diferentes niveles de vibración y que posee además, en su interior, pequeños magnetos que pueden polarizarse a positivo o negativo, y aún a polaridades que se intercalan a altísimas velocidades, de acuerdo con la finalidad de la terapia.

Es bien sabido que todo cristal o material piezoeléctrico (como el cuarzo, el silicio, etc.) cuando es sometido a golpes o caídas, altas vibraciones, campos eléctricos o magnéticos, campos de energía estática y otros, es capaz de cambiar su carga eléctrica interna propia.

Dicho de otra manera, por medio de la vibración de la camilla de terapias podemos inducir a que las células del cuerpo de la persona en terapia "se desconvierten" y por un momento de la historia que traen en su interior, mientras aprovechamos para imprimir al campo molecular de ella, a través de ondas electromagnéticas, incluyendo la luz, una nueva información, una nueva programación.

Es como si cambiásemos la información del disco duro de nuestro computador haciendo correr un programa anti-virus que borra los comandos y los archivos defectuosos y optimiza el funcionamiento de todo el sistema.
Las células no son otra cosa que millones de discos duros que almacenan información correcta o errónea. Las moléculas son las trasportadoras de dicha información. (La memoria Ram).

Es así como estas viajarán por la sangre llevando los nuevos "códigos" de funcionamiento recién programados a todo el organismo y en especial al cerebro, que posee trillones de pequeños lectores de moléculas llamados neurorreceptores que interpretan dicha información y generan impulsos nerviosos y hormonales que a su vez distribuyen la renovada programación a todo el conjunto del organismo.

Se cambia entonces la estructura molecular interna y por lo tanto se inician los procesos de alivio y aun curación de las enfermedades causadas por la vieja programación celular.

Es allí precisamente que el cáncer, el alzahimer y el mal de parkinson (en sus primeras etapas) pueden ser tratados con grandes resultados positivos. La migraña, jaqueca, rinitis, sinusitis, artritis, depresión (tristeza, melancolía, ansiedad, angustia), asma, cardiopatía, problemas estomacales, miomas, y otros muchos más, también han sido atendidos con muy buen éxito.

En los últimos años, millones de niños de todo el planeta "sufren" de hiperactividad y desordenes de atención y esto ha conllevado a sus padres y profesores a confundirse, a no entenderlos y como último remedio a drogarles, sin darse cuenta de las consecuencias a futuro.
Un porcentaje muy elevado de estos niños tienen su polaridad norte-sur invertida lo que necesariamente genera un debilitamiento de la capacidad eléctrica de sus cuerpos.

Hemos estado utilizando nuestra Terapia Molecular de Vibración Electromagnética en algunos de estos niños (Índigos) con excelentes resultados luego de 5 ó 6 sesiones.

Y no solo incidiendo en el sistema eléctrico, vuelve el niño a repolarizarse, en su estado magnético y con ello normalizando sus impulsos nerviosos que lo convierten en un ser de grandes sentidos y genialidades, sino que utilizamos esta base (repolarización) para todo paciente que nos visita.

La terapia no sólo "repolariza" el flujo magnético del niño sino que le estabiliza los impulsos nerviosos, para que su aguda percepción y su genialidad se manifiesten en todo su potencial, sin las perturbaciones de la agitación y desatención que hasta ahora los ha caracterizado.

Las Terapias Moleculares de Vibración Electromagnética requieren de medidas muy exactas con los magnetos, la vibración y las ondas aplicadas, pues la inversión de los procesos o la sobredosificación pueden tener efectos dañinos a la persona, como descoordinación de los sentidos, insomnio, irritabilidad, etc.

Buena parte de mi vida actual la dedico a escudriñar más y más sobre las terapias moleculares para brindar ayuda a muchos y muchos seres que padecen de algún problema orgánico, mental, nervioso, etc… y así algún día, mis amores sagrados se vean colmados.

La Tierra cada 2.000 años cambia de vibración lo que se traduce en un cambio de era. Hemos dejado a Piscis (julio 27 - 1999) y estamos en Acuario que nos trae muchas transformaciones en las políticas, economías, tecnologías y otros. Las Terapias de Vibración Electromagnética a nivel Molecular son parte de ese cambio donde muchas nuevas medicinas que están emergiendo cambian las anteriores.

 

EFECTOS SICO-EMOCIONALES DE LAS TERAPIAS DE VIBRACIÓN
MOLECULAR ELECTROMAGNÉTICA


El eje mente-cerebro-cuerpo.

El asiento del pensamiento, no su origen, es el cerebro.
El asiento de las emociones, no su origen, es el cerebro.
La mente es el origen de ambos. El cuerpo es el escenario.
Y el cerebro es el intermediario entre los dos.

A través del cerebro la mente imprime sus manifestaciones, llamadas actos o acciones, en el mundo material representado por el cuerpo físico, el organismo. Tal proceso se lleva a cabo por medio de la secreción de millones de pequeñas moléculas mensajeras, llamadas neurotransmisores, producidas en las neuronas.

Esto se conoce con el nombre de neuromodulación.
De esta manera, el cerebro como instrumento de la mente, regula su respuesta y transfiere la misma al resto del organismo, según el pensamiento y la emoción que en él imprima la mente.

Dicho de otra forma: el amor, el miedo, la ira, el enfrentamiento, la reacción de huída o lucha, la angustia, el hambre, la sed, el deseo sexual, en fin, toda la gama de sensaciones, instintos y emociones propias de la especie humana (y de todo ser viviente), poseen su propia química.

La mente "siente y piensa" las cosas. El cerebro capta a la mente y transfiere el mensaje al cuerpo en forma de procesos químicos y eléctricos que activan la energía vital del cuerpo y moviliza sus órganos a través de sus funciones, para reproducir el efecto según haya sido su origen.

Así, el cuerpo y la mente se entrelazan como una unidad funcional y se constituyen en manifestaciones complementarias de la misma energía vital que anima a un ser. Lo que sucede en uno afecta al otro y viceversa.

La calidad del pensamiento depende de la frecuencia de su vibración.

El pensamiento humano está determinado por la frecuencia de vibración de la unidad cuerpo-mente de cada ser. Por ello, dos seres humanos nunca piensan igual, porque sus frecuencias de vibración pensante están determinadas por la frecuencia de vibración de sus respectivas mentes-cuerpos.

Un ser humano que haya poseído traumas de crianza desarrolla una química cerebral y corporal propia diferente de otro cuyo pensamiento y personalidad se ha estructurado de forma más segura, menos dubitativa, más firme y estructurada.

La frecuencia de vibración cerebral-pensante es, por tanto, menor en el primero que en el segundo.

Así, el pensamiento de ambos es esencialmente diferente en su forma, mecánica y manifestación: Las moléculas de neurotransmisores, los impulsos eléctricos y las hormonas predominantes en las zonas del cerebro responsables de la expresión de las emociones (miedo, ira, agresión, amor, seguridad, etc.) serán diferentes en ambos casos.

Consecuentemente, todos los órganos y tejidos del organismo serán bañados, a través de la sangre, por las moléculas mensajeras de las diferentes emociones según sea la clase de pensamiento que se emane.

El cerebro se encarga de ello activando glándulas (en particular en el hipotálamo, el hipocampo, las amígdalas cerebelosas y otras como la corteza prefrontal), creando un "clima interno orgánico" en concordancia con la emoción o el sentimiento que la mente imprima al cerebro.

Para decirlo de una manera más simple, el cuerpo de una persona insegura y llena de miedos es diferente a una que posea el pensamiento más sólido y seguro.
El primero será más sano, menos propenso a enfermedades, infecciones y accidentes.

Efectos de las Terapias de Vibración Molecular Electromagnética sobre el eje mente-cerebro-cuerpo.

Si al cerebro (con sus glándulas), a la medula espinal, a la sangre y a sus células y moléculas se les somete a campos de vibración y energía electromagnética de una manera programada, regulada y coordinada, será posible cambiar la información que poseen.
Es similar a cuando se reprograma un comando en el sistema operativo de un computador, aumentando su frecuencia de vibración.

Dicha elevación vibracional cambiará, como consecuencia, el metabolismo interno neuronal y por consiguiente la química de dicho cerebro. Si cambiamos la química cerebral, cambiamos la mecánica del pensamiento porque el flujo de información en el eje mente-cerebro-cuerpo se hace en ambas direcciones.

Como resultado, se piensa mejor, se siente mejor, se analiza mejor. Los sentidos se tornan más perceptivos porque el cerebro procesa más eficazmente los datos y el influjo extra de información conciente e inconciente que a su vez hace que la mente se vuelva más certera y asertiva.

Así, la sola modificación de la vibración molecular sanguínea y cerebral hará que una persona cambie sus patrones habituales de sentimiento-pensamiento-comportamiento: sus emociones serán menos explosivas y más apacibles; sus funciones racionales como el análisis, lógica, memoria, raciocinio, etc., se potenciarán, su intuición se desarrollará, lo que lo hará un ser humano más inteligente, cálido, comprensivo y amoroso.

Diluirá miedos, fobias, temores, traumas, tristezas, obsesiones, ansiedades, compulsiones y muchos otros aspectos que son consecuencia de un pensamiento de menor vibración.

Las Terapias de Vibración Molecular Electromagnética (VME) tienen así, un altísimo valor y una gran utilidad en el tratamiento no solo de las enfermedades mentales mayores, sino en los aspectos sico-emocionales habituales y cotidianos de la vida humana.

Son así, una herramienta de invaluable ayuda, no solamente como terapia preventiva o curativa para las enfermedades que aquejen al cuerpo sino como instrumento para mejorar la manera como pensamos, sentimos y nos comportamos, corrigiendo los defectos que tanto conducen al error y a la defensa de la vida por intermedio de la critica, avaricia, envidia y las anteriormente enumeradas.

 

RELACIÓN ENTRE EL CAMPO MORFOGÉNICO O PLANO ELÉCTRICO DEL CUERPO Y LAS TERAPIAS DE ELECTROMAGNETISMO Y VIBRACIÓN MOLECULAR


Sistemas de Control Biológico Electromagnético

Desde la década de los años sesenta se ha hecho creciente la evidencia científica que sugiere que los misterios del crecimiento orgánico (y por lo tanto celular), la regeneración de tejidos y la cicatrización son activados y controlados por pequeñas corrientes eléctricas y campos magnéticos sutiles locales (y no dependientes, por lo tanto, del sistema nervioso central) que constituyen los denominados Sistemas de Control Biológico Electromagnético o SCBE.

Estamos ahora comenzando a entender cómo pequeñísimas corrientes eléctricas actúan sobre ciertas células para iniciar y promover la reparación y curación